El día que el Lycée
cerró la semana con música
Café Concert Literario · El viernes que nadie va a olvidar
El viernes 24 de abril, el Lycée Frédéric Mistral no cerró su Semana de la Lectura con un discurso. La cerró con una banda en vivo, disfraces, banderas y una sala llena de familias que se negaron a ser solo público.
Esa es la diferencia entre terminar una semana y celebrarla. Y lo que ocurrió ese viernes fue, sin ninguna duda, una celebración.
Después de cuatro días en que la literatura tomó cada rincón del colegio —Danièle Ball en la Bibliothèque, Roberto Aspe con tercero y cuarto medio, talleres trilingües en cada sala— llegó el momento de reunir a toda la comunidad en un mismo espacio. Y la comunidad respondió a la altura.
El evento comenzó afuera, con guitarras y una canción que flotó sobre el patio antes de que nadie tomara asiento. La imagen lo dice todo: un músico cantando bajo el sol de La Serena, con las banderas de Chile y Francia al fondo, en perfecta convivencia. No como decoración. Como identidad.
Ese momento —antes del programa oficial, antes de los discursos— marcó el tono de la tarde: esto no iba a ser una clausura formal. Iba a ser algo vivo.
Adentro, la banda era una realidad distinta a lo que cualquier padre esperaba encontrar. No era música grabada ni una presentación protocolar: era una formación completa —teclados, guitarras, voces— donde los propios alumnos del Lycée ocupaban una parte del escenario.
Verlos tocar frente a sus compañeros, sus padres y sus profesores tiene un peso que ninguna nota de boletín puede comunicar: demuestra que este colegio no forma estudiantes que memorizan. Forma personas que se suben a un escenario.
El momento que arrancó las carcajadas y el aplauso más largo de la tarde llegó con las apoderadas. Se habían preparado en secreto durante días para representar La tortuga y la liebre —y llegaron con disfraces, con personajes construidos, con una convicción que deja en claro que en el Lycée el vínculo entre familias y colegio no es una frase del proyecto educativo. Es una práctica real, con vestuario incluido.
La panorámica del evento lo confirma: stands, público, comunidad reunida, la energía de una tarde que nadie quería que terminara. Este no es el aspecto de una clausura. Es el aspecto de una fiesta que se ganó el derecho a serlo.
No todo fue festejo espontáneo. El viernes también tuvo el peso específico de la cultura y la historia. Teresa Guerrero, investigadora de la obra de Gabriela Mistral, compartió aspectos poco conocidos del legado de quien da nombre a esta ciudad —y que inspira la misión del Lycée desde su fundación. Y Georges Bonan, Presidente de la Alianza Francesa Región de Coquimbo, subrayó los lazos que unen a este colegio con la red francófona más grande del mundo: 580 establecimientos en 138 países.
La Rectora Sandra Franco Pastén eligió bien sus palabras al cerrar: esta semana fortaleció el vínculo entre escuela y familia, y dejará huellas en el desarrollo integral de los estudiantes. No es un eslogan —es la descripción exacta de lo que vivimos.
Una semana que empezó con libros en manos de niños y terminó con guitarras, disfraces y banderas. Que tuvo una escritora francesa, un ex profesor que volvió, talleres en tres idiomas y un viernes donde toda la comunidad demostró que ser parte del Lycée Frédéric Mistral es algo que se celebra con todo.
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